Aunque las bajas temperaturas reducen la actividad de los insectos, no garantizan la desinfestación del grano. Rhyzopertha dominica y Sitotroga cerealella pueden desarrollarse silenciosamente durante almacenamientos prolongados y reaparecer cuando las condiciones se vuelven favorables.
Con la llegada del frío, la actividad visible de los gorgojos disminuye y el lote parece estabilizarse. Sin embargo, una baja temperatura no equivale a un grano libre de plagas. En trigo almacenado durante períodos prolongados pueden permanecer huevos y larvas dentro de los granos o sobrevivir poblaciones residuales en conductos, pisos, transportadores y estructuras.
Cuando la temperatura vuelve a aumentar o aparecen sectores más cálidos dentro de la masa, la infestación puede reactivarse. En los silobolsas, además, el contraste entre el calor interior y el frío exterior puede generar condensación de humedad sobre las paredes internas. Esta acumulación localizada favorece el deterioro del grano y crea condiciones más propicias para el desarrollo de plagas.
Entre las especies que requieren mayor atención se encuentran el taladrillo de los granos, Rhyzopertha dominica, y la polilla o palomita de los cereales, Sitotroga cerealella.
Un riesgo difícil de detectar
R. dominica es especialmente peligrosa porque tanto las larvas como los adultos dañan el grano. Produce perforaciones, abundante material pulverulento y, cuando la infestación avanza, un olor característico. Además, los adultos vuelan y pueden ingresar desde instalaciones cercanas o desde residuos de campañas anteriores.
Una investigación del USDA comprobó que muchas infestaciones se originan por poblaciones que permanecen en las estructuras o por adultos que colonizan granos almacenados sin protección. La detección temprana es compleja porque los estadios inmaduros se desarrollan dentro de los granos. El organismo también destaca la utilidad de las trampas con feromonas instaladas en el perímetro para identificar momentos de mayor presión de ingreso.
En S. cerealella, la hembra deposita los huevos sobre los granos y la larva penetra en ellos para alimentarse. La presencia de pequeñas polillas en el espacio superior del silo, granos con orificios redondeados y restos de exuvias son señales de alerta.
El frío compra tiempo, pero no desinfesta
El enfriamiento continúa siendo una herramienta central del Manejo Integrado de Plagas. Estudios del INTA establecen los 17 °C como una referencia por debajo de la cual el desarrollo de los insectos queda fuertemente limitado. Cuando la aireación natural no permite alcanzar ese nivel, la refrigeración artificial puede convertirse en una alternativa. No obstante, el enfriamiento no garantiza la muerte de todos los estadios. Por eso, un silo que se mantuvo frío durante el invierno puede registrar un aumento rápido de actividad al calentarse la capa superior o generarse un foco localizado.
En silos metálicos se deben analizar las diferencias de temperatura entre cables, alturas y sectores, no solamente el promedio general. En silo bolsa, la hermeticidad tampoco debe darse por descontada: el INTA demostró que pequeños orificios modifican significativamente la atmósfera interna. Una bolsa deteriorada pierde parte de su capacidad para generar condiciones desfavorables para insectos y microorganismos.
Monitorear tendencias, no solamente encontrar insectos
Para trigo almacenado por largo tiempo, el monitoreo debería integrar:
- Termometría en diferentes puntos y profundidades del silo metálico.
- Muestreo representativo, con especial atención a la capa superior, zonas próximas a paredes y sectores donde se acumulan finos.
- Zarandeo y observación con lupa para detectar adultos, fragmentos, perforaciones y material pulverulento.
- Trampas de caída o sondas dentro del grano y trampas específicas con feromonas para insectos voladores.
- Inspección del espacio superior, conductos, norias y áreas de carga y descarga.
- En silo bolsa, revisión sistemática de cierres, extremos, pliegues, roturas, huellas de animales y acumulaciones de agua.
- Registro de temperatura, capturas, daños, tratamientos y resultados posteriores.
Una captura aislada en el exterior no confirma por sí misma una infestación interna, pero indica presión de ingreso y justifica intensificar el muestreo. Del mismo modo, un aumento localizado de temperatura puede responder a insectos, hongos o humedad. La decisión debe basarse en la combinación de evidencias.
Productos preventivos y curativos: roles diferentes
Cuando el trigo ingresará limpio y sano a un almacenamiento prolongado, puede evaluarse un tratamiento preventivo con Onza Max®, formulado con deltametrina y butóxido de piperonilo. La deltametrina actúa por contacto e ingestión sobre los canales de sodio del sistema nervioso. El butóxido de piperonilo inhibe mecanismos enzimáticos de detoxificación y potencia la acción del piretroide. Su espectro incluye tanto R. dominica como S. cerealella. La aplicación debe realizarse de manera uniforme durante la carga o el transilado, exclusivamente según el marbete y el destino del grano.
Cuando existen antecedentes comprobados de menor sensibilidad a piretroides, Kurafos 50®, a base de pirimifós-metil, aporta un modo de acción diferente. Este organofosforado inhibe la acetilcolinesterasa y actúa por contacto, ingestión y acción respiratoria. No debe incorporarse automáticamente como una mezcla: su elección tiene que responder a la especie identificada, el historial de tratamientos, el registro vigente y una estrategia de manejo de resistencia.
Si se confirma una infestación dentro de la masa, los protectores residuales no reemplazan un tratamiento curativo. En estructuras aptas, Celphos Max®, formulado con fosfuro de aluminio, libera fosfina al reaccionar con la humedad ambiental. El gas difunde a través de la masa y altera la respiración celular de los insectos, alcanzando estadios ocultos dentro del grano. Su eficacia depende de mantener durante el tiempo necesario una concentración letal homogénea. Una estructura con pérdidas puede controlar solamente los individuos más susceptibles y favorecer la selección de poblaciones resistentes, un problema particularmente documentado en R. dominica. Las guías internacionales recomiendan comprobar la hermeticidad, monitorear la concentración, respetar el período completo de exposición y verificar la ventilación antes del reingreso. La fumigación con fosfina debe quedar exclusivamente en manos de personal capacitado, con medición de gases, elementos de protección y cumplimiento estricto del marbete. Nunca debe improvisarse una fumigación dentro de un silo sin sellado suficiente o de un silo bolsa dañado.
El objetivo del Manejo Integrado no es aplicar más productos, sino utilizar cada herramienta en el momento correcto. Mantener el trigo seco y frío, evitar el ingreso de insectos, monitorear los estadios ocultos y reservar la fumigación para infestaciones confirmadas permite proteger la calidad sin aumentar innecesariamente la presión de selección.









