Plagas en granos almacenados: prevención, monitoreo y control

En Argentina, los insectos son la principal amenaza para el almacenamiento de granos, seguidos por roedores y ácaros. La combinación de limpieza, desinfestación química, monitoreo ambiental y fumigaciones profesionales permite reducir drásticamente las pérdidas y cumplir con los estándares que prohíben la entrega de granos con insectos vivos. La implementación rigurosa de un programa integral es indispensable en todo sistema de almacenaje.

La protección sanitaria de los granos almacenados es un componente decisivo para la operatoria de acopios, cooperativas, plantas de acondicionamiento e industrias que dependen del grano como insumo. En Argentina, las pérdidas asociadas a plagas pueden alcanzar entre el cinco y el diez por ciento del volumen almacenado, y en establecimientos sin un programa de control adecuado pueden escalar a valores cercanos al cincuenta por ciento. Las plagas más importantes, en orden de relevancia económica y frecuencia de aparición, son los insectos, que constituyen el principal problema sanitario; los roedores, que generan pérdidas directas y contaminación física y biológica; y los ácaros, que se desarrollan especialmente en ambientes húmedos o mal ventilados.

Dentro del grupo de insectos, los primarios, como: Sitophilus spp., Acanthoscelides obtectus, Sitotroga cerealella y Rhyzopertha dominica, son los más críticos porque perforan y consumen granos enteros, abriendo la puerta a infestaciones severas. Los secundarios, como: Oryzaephilus surinamensis, Cryptolestes spp., Tribolium spp., Tenebrio obscurus y Anagasta kuehniella, prosperan sobre el grano ya dañado y aceleran el deterioro físico, termófilo y microbiológico del lote almacenado. La presencia de estas plagas no sólo compromete la calidad del grano, sino que también imposibilita la comercialización cuando se detectan insectos vivos.

Para evitar estas pérdidas, la estrategia más eficaz es la implementación disciplinada de un Programa Integral de Control, basado en tres pasos esenciales: prevenir la aparición de la plaga, monitorear e identificar su presencia y controlar eficazmente cualquier foco detectado.

Prevención como paso inicial

El primer paso, centrado en la prevención, comienza con una limpieza profunda de todas las instalaciones previo al ingreso de la nueva campaña. La eliminación completa de polvo, restos de grano y material orgánico es indispensable, ya que estos residuos funcionan como las principales fuentes de alimento y refugio para insectos y roedores. Una vez finalizada la limpieza, se procede a la desinfestación del establecimiento mediante herramientas físicas o químicas.

Entre las opciones químicas disponibles, se destacan los insecticidas sintéticos convencionales, los fumigantes y los reguladores de crecimiento. En Argentina, los más utilizados son los insecticidas convencionales pertenecientes a las familias de los organofosforados (como malatión y pirimifós-metil), los piretroides (con la deltametrina como molécula de mayor uso), las piretrinas naturales y los fumigantes (particularmente la fosfina, el bromuro de sulfhidrilo y el bromuro de metilo). La mayoría de estos principios activos no afectan la germinación ni la calidad del grano cuando son utilizados según las concentraciones, tiempos de retiro y condiciones establecidas por SENASA. En particular, la deltametrina es ampliamente valorada porque, además de su eficacia por contacto e ingestión, no compromete la viabilidad del grano destinado a semilla.

Monitoreo e identificación, fundamental para tomar decisiones

El segundo paso del programa consiste en monitorear e identificar la plaga, una tarea que debe realizarse de manera sistemática y en función de las condiciones térmicas del granel. La temperatura es el factor determinante porque regula la velocidad del ciclo de vida de los insectos. Cuando el grano se mantiene por debajo de los diecisiete grados, el monitoreo puede programarse con una frecuencia mensual, ya que la actividad biológica es limitada. En temperaturas intermedias, entre diecisiete y veinticinco grados, la reproducción se acelera y se recomienda una frecuencia de control cada veinte días. Cuando el grano supera los veinticinco grados, la actividad insectil aumenta significativamente y la revisión debe realizarse cada quince días. A esto se suma la importancia de complementar el monitoreo con termometría, muestreo de grano y trampas específicas, permitiendo detectar incrementos de temperatura asociados a focos de actividad biológica o infestaciones ocultas. La correcta identificación de las especies es clave, dado que algunas, como Rhyzopertha dominica presentan resistencias documentadas a ciertos principios activos, lo que obliga a adaptar la estrategia de control.

Control eficiente y preciso

El tercer paso del programa es controlar la plaga, para lo cual existen dos grandes enfoques: el control mediante atmósferas modificadas y el control mediante fumigación con fosfina en estructuras convencionales. El control por atmósferas modificadas requiere instalaciones completamente herméticas, condición necesaria para sostener durante varios días ambientes con elevada concentración de dióxido de carbono o con niveles de oxígeno por debajo del uno por ciento mediante la inyección de nitrógeno. Estas condiciones permiten eliminar todos los estadios de los insectos en aproximadamente quince días.

Sin embargo, la mayoría de los silos y celdas utilizados en Argentina no son herméticos, lo que exige un sellado intensivo para aplicar esta técnica con éxito. Por otro lado, en instalaciones convencionales el método más utilizado y eficiente es la fumigación con fosfina. Este gas fumigante, generado por la descomposición de fosfuros metálicos, es capaz de difundir hacia el interior del grano y eliminar huevos, larvas, pupas y adultos. Para que el tratamiento sea eficaz, debe alcanzarse una concentración mínima de doscientas partes por millón sostenida durante al menos cinco días. Esto solo es posible cuando la estructura está correctamente sellada y cuando la dosificación del fumigante se ajusta a las recomendaciones técnicas. La fosfina no deja residuos, no afecta la germinación y se degrada rápidamente entre cinco y veintiocho horas, lo que la convierte en la herramienta principal para el control de plagas en los sistemas de almacenamiento argentinos.

En conjunto, los tres pasos del Programa Integral de Control —prevenir, monitorear y controlar— constituyen la única estrategia capaz de garantizar la calidad comercial y sanitaria de los granos almacenados. Su aplicación disciplinada evita pérdidas cuantiosas, preserva el valor de la mercadería y asegura la conformidad con los estándares de comercialización que exige la cadena agroindustrial nacional e internacional.

Tomá el control de las plagas con

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